MÓDULO 3 - El Mercado de las Palabras



Experiencia significativa en la Institución educativa Fe y Alegría Santo Domingo Savio

Bibiana Andrea González Correa

Apoyados en Gómez y Salinas , M. 2020, la evaluación en el contexto educativo  la tomamos como un proceso continuo y sistemático  de  recogida de información, en el cual participan los estudiantes y los docentes, desde la autoevaluación , coevaluación y heteroevaluación.  Esta información, se usa para  tomar decisiones pedagógicas y curriculares que conduzcan  a la mejora del proceso  educativo (Rodríguez ,2005). Ahora bien, tras el surgimiento de  las TICS y sus múltiples aportes a la educación encontramos muchas herramientas que  apoyan esta importante tarea educativa desde la planificación, ejecución y análisis  de la evaluación

Bajo esta perspectiva, a continuación, compartiremos las experiencias educativas entorno a la evaluación y su aplicación en entornos virtuales.

EL MERCADO DE LAS PALABRAS



Un día de letras y risas: la evaluación como compañera del aprendizaje en primer grado

En la Institución Educativa Fé y Alegría Santo Domingo Savio de Medellín, un martes por la mañana, el salón de primer grado se llenó de colores, voces infantiles y una energía especial. Ese día planifiqué una actividad llamada “El mercado de las palabras”, con el propósito de que los niños y niñas, entre 6 y 8 años, identificaran y clasificar palabras según su número de sílabas.

 

La sesión comenzó con una evaluación inicial o pronostica: les mostré imágenes de objetos cotidianos (pelota, lápiz, sol, ventana) y les pregunté: “¿Cuántas palmadas le damos a esta palabra?”. Algunos respondían con seguridad, otros titubeaban, y unos más solo observaban. Ese breve diagnóstico me permitió conocer sus preconceptos sobre la segmentación silábica y ajustar la dinámica: reforzaría con más ejemplos monosílabos y trisílabos, que eran los que generaban mayor confusión.

Luego, en la fase central de la actividad, los niños se convirtieron en “vendedores” y “compradores” de tarjetas con palabras e imágenes. Aquí entró en juego la evaluación formativa o interactiva. Mientras circulaban por el “mercado”, yo intervenía con preguntas como: “Juan, ¿por qué cambiaste ‘mariposa’ por ‘flor’? ¿Cuál tiene más sílabas?”. Los niños no solo respondían, sino que también se corregían entre ellos: “¡No, 'sol' es solo una!”. Esta coevaluación espontánea y la retroalimentación inmediata permitieron regular el aprendizaje sobre la marcha, creando esas “zonas de desarrollo próximo” de las que habla Peláez (2006).


Al final, cada niño pegó sus palabras en un cartel según su clasificación. Esta fue la evaluación sumativa basada en criterios, pero no sólo importó el resultado final. Los criterios fueron claros desde el inicio: “pegamos las palabras en la columna correcta” (criterio de resultado) y “participamos respetando turnos” (criterio de procedimiento). Incluso, algunos se autoevaluaron: “Profe, yo al principio no sabía, pero después sí”.


¿Qué es la evaluación en este contexto?


La evaluación fue un proceso continuo, no un examen final. Cumplió una función pedagógica: me ayudó a adaptar la clase y a los niños a reconocer sus avances. También una función social, al validar los aprendizajes alcanzados. Como señala Cano (2019), la evaluación es un proceso que integra miradas: la del docente, la del estudiante y la de los pares.

¿Cómo se dio el aprendizaje?


El aprendizaje fue activo, social y contextualizado. Los niños manipularon, dialogaron, cometieron errores y los corrigieron con apoyo entre iguales y con mi guía. La evaluación no fue algo aparte; fue parte natural de la experiencia.

Valoración y proyección a la virtualidad

Esta experiencia fue altamente significativa por su enfoque lúdico y formativo. Sin embargo, tras leer las propuestas para ambientes virtuales, me pregunto: ¿podría replicarse en entornos no presenciales?

Sí, pero con adaptaciones. Por ejemplo:

  • * La evaluación inicial podría hacerse con un juego interactivo en plataformas como Genially.

  • * La evaluación formativa se apoyaría en foros o videollamadas donde los niños compartan palabras y reciban retroalimentación con preguntas problematizadoras.

  • * La autoevaluación y coevaluación podrían realizarse mediante audios o dibujos que compartan en un muro digital.

*La evaluación sumativa podría ser un collage digital de palabras clasificadas.


No sería igual “extrañaría el bullicio del mercado escolar”, pero la esencia de la evaluación como herramienta de aprendizaje podría mantenerse. Lo clave, como señalan ambos documentos, es la claridad de los criterios, la retroalimentación constante y la participación activa de los niños, aunque sea a través de una pantalla.


Conclusión

En conclusión, esta experiencia refuerza la idea de que la evaluación, cuando es continua, formativa e integradora, no solo mide sino que construye aprendizaje. Y en tiempos donde la virtualidad es una posibilidad latente, vale la pena seguir diseñando estrategias que, incluso a la distancia, suman letras, risas y confianza en los más pequeños.
¡ASÍ SE EVALÚAN A LOS MÁS PEQUEÑOS!


Apreciados compañeros, tuve la fortuna de entrevistar a la compañera Luz Marina Rivera Hincapié sobre los procesos de evaluación que desarrollaban con los niños de preescolar y realmente es admirable el proceso evaluativo que hace con sus pequeños. Los invito a escuchar atentamente.
REFERENCIAS:
Gómez, H. M. R., & Salinas, M. L. (2020). La evaluación para el aprendizaje en la educación superior: Retos de la alfabetización del profesorado. Revista Iberoamericana de evaluación educativa, 13(1), 111-137.
Rodríguez Conde, M. J. (2005). Aplicación de las TIC a la evaluación de alumnos universitarios. Teoría de la Educación: Educación y Cultura en la Sociedad de la Información.

Comentarios

  1. Bibiana, tu experiencia “El mercado de las palabras” me pareció hermosa y profundamente pedagógica. Logras mostrar cómo la evaluación puede ser una experiencia significativa cuando se integra al juego, la curiosidad y la participación activa de los niños. Me gustó mucho cómo describiste las fases del proceso (diagnóstica, formativa y sumativa), porque se nota que cada una cumple una función concreta para comprender cómo aprenden tus estudiantes y no solo para medir resultados.
    Tu enfoque lúdico demuestra que evaluar también puede ser un acto de alegría y construcción colectiva, especialmente cuando los niños descubren por sí mismos que aprender implica equivocarse, corregirse y volver a intentarlo. Además, me pareció muy valiosa tu reflexión sobre la virtualidad: pensar en cómo trasladar esa experiencia al entorno digital revela una comprensión profunda de la evaluación como acompañamiento y no como control.
    Coincido contigo en que la esencia de la evaluación está en la retroalimentación y el vínculo humano, más allá del formato.
    Gracias por recordarnos que evaluar también es cuidar el proceso de aprender :)

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  2. Buen día compañeros, me gusto mucho el contexto y el tema del mercado de las palabras, pienso en esa forma de evaluar los pequeños y me lleva a pensar y analizar un poco, como fue en ese momento cuando nos evaluaban nuestros profes y como lo vivimos de pequeños. Pero me gusto mucho su trabajo compañeros y muchas gracias por compartir.

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